El fin de semana pasado. Un paseo con mi amiga Asia y nuestros perros: Bandi, Maggie y Tyria. En un momento dado esparcimos premios en la hierba y literalmente en un segundo los tres se convierten en narices con patas. Solo se escucha: snif, snif, snif.
Asia y yo nos miramos: «hoy van a dormir de maravilla».
Y tienen razón. Pero, ¿por qué?
Correr no es lo mismo que cansarse
Mucha gente piensa que si el perro se desahoga corriendo (tras una pelota, junto a una bici, aportando), estará tranquilo y feliz después. Y entiendo esa forma de pensar. De verdad.
Solo que hay un problema: ese tipo de movimiento muchas veces no es una elección del perro. Es activación.
El perro que corre detrás de una pelota no corre porque lo necesite. Persigue el movimiento. Está disparado. Puede parecer feliz, pero vale la pena preguntarse: ¿es una felicidad tranquila, o más bien una activación intensa?
La diferencia importa. La sobreactivación implica niveles altos de cortisol (la hormona del estrés), que puede mantenerse en sangre durante varios días. Sus señales son ladridos sin motivo, destrucción en casa, dificultad para calmarse. Exactamente lo que me traen muchos tutores en consulta.
A eso se suma el coste físico del movimiento forzado: arrancadas bruscas, frenazos, giros. Eso sobrecarga las articulaciones. Quizá no de inmediato, pero con el tiempo aparece la artrosis, las lesiones, los problemas en las patas.
La forma de movimiento más saludable para un perro es el movimiento natural. Un trote tranquilo, exploración, pararse cuando quiere, avanzar cuando quiere. Así son la mayoría de mis paseos con Bandi: mucho no-hacer-nada y mucho olfateo libre.
Qué pasa cuando un perro olfatea
El olfateo activa la corteza prefrontal, la parte del cerebro responsable de la calma, la concentración y la toma de decisiones. Dicho de forma simple: olfatear tranquiliza.
Los estudios muestran que los perros que realizan tareas olfativas de forma regular tienen una actitud más optimista y gestionan mejor las situaciones difíciles. Y 15 minutos buscando trocitos de comida en la hierba puede generar en el perro el mismo nivel de cansancio mental que 30 minutos de paseo a buen ritmo.
Por eso Bandi, Magia y Tyria duermen tan bien después de un paseo con actividades olfativas. No porque hayan corrido mucho. Sino porque han trabajado de verdad con la cabeza.
El olfateo también es lenguaje
Hay algo más de lo que se habla poco.
Olfatear no es solo placer y calma. Es una forma de comunicación.
Cuando un perro baja la cabeza y empieza a olfatear al encontrarse con otro perro, está enviando una señal: estoy ocupado, no busco conflicto, no quiero contacto. Es una estrategia natural de desescalada, integrada en el comportamiento canino.
Al dar al perro espacio y hábito de olfateo, reforzamos sus propias herramientas de comunicación. Puede que el perro que antes se tensaba al ver al perro del vecino, la próxima vez en lugar de reaccionar baje el hocico y empiece a olfatear. Siempre que antes haya tenido oportunidad de aprenderlo.
¿Y la elección?
Antes mencioné la elección, porque está muy relacionada con todo esto. El perro que puede decidir el ritmo del paseo, dónde parar y qué oler, se siente más seguro. La elección construye autonomía.
Pero ese es tema para otro post y volvemos a él pronto.
Tu tarea para esta semana
En el próximo paseo, esparce unos trocitos de comida en la hierba y simplemente deja que tu perro los busque. Sin prisas, sin dirigir, sin «ven aquí».
Y de paso hazte una pregunta: ¿con qué frecuencia crees que estás cubriendo la necesidad de tu perro intentando «cansarlo» corriendo… cuando en realidad lo estás sobreactivando?
A veces basta con dejarle olfatear.
